Celedonio Pérez, columnista de la Opinión de ZamoraGallinas con cortaúñas

CELEDONIO PÉREZ La noticia saltó ayer a los teletipos de la agencia Efe: la Comisión Europea tiene previsto expedientar a los países que no tomen las medidas necesarias para adaptar, en el plazo más breve posible, las jaulas para gallinas ponedoras, dotándolas de dispositivos de recorte de uñas y otros elementos destinados a mejorar su bienestar (¿). España, que cuenta con el mayor censo de pollos de toda la UE, es uno de los Estados que no ha hecho el cambio y, por tanto, entra en el saco de los «estigmatizados».

¿El castigo para quienes aún no han hecho las modificaciones exigidas a pesar de que la decisión se tomó en 1999? Los huevos de las gallinas sin cortaúñas solo se podrán utilizar en el país de origen, para la fabricación de «ovoproductos» (derivados del huevo obtenidos a partir de huevos enteros, claras o yemas).

La normativa europea, sigue el teletipo, obliga a que las gallinas ponedoras dispongan a partir de 2012 de al menos 720 centímetros cuadrados de superficie de la jaula, de un nido, de una yacija (¿a qué no saben lo que es si no miran el diccionario?) que permite picotear y escarbar, de un bebedero apropiado y de los susodichos, esto es, de los dispositivos de recortes de uñas.

Estos de la Comisión Europea se han ablandado con el paso del tiempo. Pasa, eh, que con los años se hace uno más sentimental y la lágrima aflora pronta sin necesidad que entre una mota de lo que sea en el ojo.

Está bien lo del bienestar animal, que si uno está cómodo produce más y mejor (no ocurre lo mismo, por cierto, con las uvas que, según los expertos, cuanto más se maltrata a una viña más resveratrol -antioxidante genera-. Pero, bueno, que me salgo del guión. Digo que estos de la CE se han olvidado pronto de las barrabasadas del pasado y ahora se han vuelto muy sensibles. Solo un dato que he repetido muchas veces. La Comisión aprobó en los años 90 la «prima de Herodes» -nombre que no le pusieron los eurócratas, claro-, una directiva que incentivaba a cambio de una ayuda el sacrificio de los terneros de menos de 15 días para «desahogar» el mercado.

Está muy bien lo del bienestar animal, siempre que esas mismas condiciones las cumplan los animales y los productos derivados que vienen de fuera. Así todos jugaremos el mismo partido con idénticas normas. Pero no ocurre.

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